
miércoles, 14 de enero de 2009
Vodka

domingo, 31 de agosto de 2008
Fabiana

jueves, 17 de julio de 2008
El hombrecito del semáforo

lunes, 7 de julio de 2008
Los pulgares de Sofía

- Un depósito, por favor...
- ¿Cómo no?.. y el cuaderno se cierra de súbito. De vuelta a las cuentas, a los movimientos, la presta parsimonia, al brazo que no responde a los gritos de libertad. Uno, siete, cuatro, quinientos mil pesos. Un giro, un vale vista, una resta.
Los pulgares de Sofía están dormidos. El reloj marca las 12:30. El banco está saturado de personas. El ruido de calculadoras quedó sepultado bajo las conversaciones simultáneas que se anulan unas con otras. El aire está espeso y Sofía colma su paciencia. Se pone de pie. Se sube en la silla de cuero tibio. Equilibra los tacos. Sofía estira sus pulgares y comienza su danza. El banco queda en silencio y las filas, de pronto, se transforman en rostros atentos, espectadores cansados y confundidos. Sofía ejecuta su vuelo. Se contonea, salta, se estira, gira sobre su cuerpo. Cumple su sueño, con una sonrisa tatuada. Sus compañeros mueven la cabeza. El supervisor de cuentas quiere gritarle, llamarla al orden, pero nada basta. Pronto le abrirá la puerta y su caja vacía será el espacio de otra de las mismas, una mujer de 32 años y prisionera de sus cercos, los límites claros y perversos que sólo Sofía se atrevió a empujar con sus pulgares libres.
sábado, 31 de mayo de 2008
El bar

La puerta batiente quedó oculta con la sombra de Mariana. No era tarde para ella. Llegaba con su pelo recogido sobre los hombros. Silbaba la primera canción que escuchó en la mañana: "No more I Love you's" de Annie Lennox. Una mujer que hablaba por teléfono la miró enfadada y le pidió silencio. Mariana le contestó con desafiante indiferencia. Y siguió silbando el verso que dice "the language is leaving me in silence".
Santiago divisó la última mesa. Se acercó con la mirada extraviada. Parecía no saber a qué venía, después de tanto tiempo.... Le pareció que José estaba más flaco. Algo pequeño, pero evidente había cambiado en su expresión...
Mariana le pidió fuego a Santiago. Una copa se quebró. José reventó en lágrimas. Santiago abrazó a Mariana. José comenzó a sangrar. Mariana cambió los silbidos por el frenético canto: "Desire, despair, desire... so many monsters".
La mujer del teléfono comenzó a gritar.
domingo, 20 de abril de 2008
Sueño contigo

lunes, 31 de marzo de 2008
Sebastián

Frente al espejo mira su cuerpo como si fuese un objeto ajeno a sí mismo. Le atormenta la idea de envejecer, de perder la musculatura ganada a punta de horas en el gimnasio y complementos alimenticios. Le gustaría que más de una vez al día le dijeran lo guapo que está. Se lo dicen, pero él necesita más. Su vanidad es, a la vez, la mayor de sus debilidades.
Sabestián arroja la toalla. Avanza hacia el dormitorio y escucha el último disco de Madonna. Lo sigue con los labios en silencio. Coge una camisa que compró en Buenos Aires y sobre la cama comienza a vibrar su teléfono móvil. Dice "Sergio". Sebastián lo escucha, no lo contesta. Sigue sonando, pero él, indiferente, intenta elegir una corbata. Su cabeza está en eso. El móvil suena nuevamente. "Oficina", reza. Sebastián se viste con parsimonia. Camina a la cocina. Prepara desayuno: cereales, tostadas y jugo de naranja light. El teléfono sigue con su ring monocorde. Sebastián ignora quien llama. Le preocupa morder su rebanada de pan negro sin derramar migas molestas en su cocina perfectamente limpia. Le inquieta ingerir sus alimentos en 33 mascadas, según aconseja su libro de medicina oriental.